El eco de la desviación: la construcción mediática del fenómeno incel en México |
El sociólogo Stanley Cohen, en su obra Folk Devils and Moral Panics (1972), sostiene que cada sociedad construye imágenes e ideas propias sobre lo que considera “desviado” en términos de comportamiento y actitud. Me parece que, si uno se pone a reflexionar un rato a partir de todo el contenido que lee en redes sociales o mira en las noticias, podría tener un pequeño acercamiento a cuáles serían esas actitudes desviadas en la sociedad mexicana. A fin de cuentas, las hay.
Cohen afirma que los elementos que conforman la noción de desviación no se perciben de forma directa, sino que llegan de segunda mano. La información es procesada y estructurada previamente por los medios de comunicación (a los que hoy habría que sumar las redes sociales) bajo sus propios filtros editoriales y algorítmicos.
En consecuencia, siguiendo a Cohen, estos espacios mediáticos muestran un interés elevado por las desviaciones, hasta el punto de articular análisis y debates dirigidos específicamente a moldear la opinión de su audiencia.
Esto que explica Cohen se puede observar en cierta medida con el tema de los incels. Se observó aquí en México con el caso de Lex Ashton en el CCH Sur, donde comenzaron a surgir artículos, columnas y espacios informativos con el objetivo de explicar lo que significaba ser incel, subcultura de internet, vinculada al joven que mató a uno de sus compañeros dentro de la institución.
Ahora ocurre algo similar con el reciente y desafortunado hecho en la preparatoria Antón Makárenko, en Lázaro Cárdenas, Michoacán. El martes 24, un adolescente asesinó a dos maestras con un fusil de asalto AR-15. El historial en redes sociales del individuo hizo que rápidamente fuera asociado con los incels. De ahí que surgieran nuevamente análisis y explicaciones de tal fenómeno.
Ahora bien, la criminóloga Lisa Sugiura comenta en su libro The Incel rebellion (2021) los peligros que rodean la manera en que los medios de noticias reportan estos casos. Siguiendo a Sugiura, este enfoque mediático incurre en lo que Jock Young llamó "amplificación de la desviación" cuyo resultado es que al retratar al incel como un individuo desviado se termina reforzando la identidad del grupo. Al igual que los periódicos de allá, aquí la narrativa posiciona a los incels como figuras aisladas y radicalmente ajenas a la normalidad social. Habría que pensar esto al unir los casos del CCH Sur con la preparatoria Makárenko.
En este sentido, muchos medios mexicanos caen en la trampa de centrarse excesivamente en los motivos superficiales de su odio (como la falta de sexo o el rechazo de las mujeres). Esto, advierte el Instituto de Investigación sobre el Supremacismo Masculino (IRMS), según Sugiura, permite que estos individuos adopten un estatus de víctima que puede generar simpatía entre otros jóvenes desilusionados.
Además, excluye del debate otras problemáticas, como el fácil acceso a un rifle de asalto. De ahí que no se puede pasar por alto la responsabilidad de los medios con la violencia que reportan.