El rumor perpetuo
Cuando las calles eran nuestras podíamos jugar futbol hasta que anochecía. Retornábamos a casa a pie y nuestras familias no se preocupaban (al menos de eso). Sabían que estábamos cerca, nuestra alegría permeaba las paredes y las láminas de cartón del barrio.
La violencia siempre estuvo presente, no era un México mejor. Sólo tenía que escuchar con atención a mis compañeros de la infancia para darme cuenta del maltrato doméstico, del ambiente de adicciones que se vivía en sus hogares y de la desigualdad. Pero la válvula de escape aparecía siempre en forma de balón, silbatos y goles, antes de que los autos y la gentrificación se instalaran en la Ciudad de México, antes de que perdiéramos ese espacio o que lo cediéramos, como me........
