T-MEC: cuando los datos ya no alcanzan

La segunda ronda de negociaciones con Greer dejó en claro que el verdadero campo de batalla no es económico, sino político. México necesita actualizar su estrategia.

La visita del representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, a la Ciudad de México, dejó una declaración conjunta: primera ronda bilateral formal en la semana del 25 de mayo, conversaciones sobre reglas de origen, minerales críticos y seguridad económica.

Diplomacia en papel. Pero quienes seguimos de cerca estas negociaciones sabemos que el tono real de la conversación fue bastante más complejo de lo que sugieren los comunicados oficiales.

Y eso importa, porque revela algo de fondo: la naturaleza misma de lo que se está negociando está cambiando. Lo que comenzó como la revisión de un tratado de libre comercio trilateral parece estar derivando hacia algo distinto: un esquema de trato preferencial arancelario para México. Un acuerdo más transaccional, bilateral, condicionado. La diferencia no es semántica; cambia los incentivos, la certidumbre y el modelo de integración regional que hemos construido durante décadas.

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