Primera llamada, el Mundial en la Ciudad de México

La Ciudad de México vivió este fin de semana un ensayo general de lo que será el Mundial 2026. En la columna anterior explicábamos que la Ciudad de México estábamos al filo de la banca en la preparación de cara al Mundial, ahí sigue.

El regreso del futbol al Estadio Azteca no solo fue un evento deportivo sino una prueba de ciudad. Se nos vieron las costuras. Este evento global albergará, al menos, 3 millones de turistas, más los 20 millones de población fija y flotante. Este Mundial no se pensó para ellos, solo para los visitantes.

Hubo operación y coordinación institucional, cierres viales, rutas especiales, despliegues de seguridad y una apuesta clara por mover a miles de personas en transporte público. Incluso, por momentos, la ciudad pareció responder a la altura del reto: sin autos rumbo al estadio, con una “marea verde”: Todos en transporte público. Pero podría ser solo una pantalla. 

Aunque también hubo otra realidad. Diputados metiendo camionetas blindadas. Protestas y marchas del México que más duele y que es invisibilizado por el gobierno, las madres buscadoras. Saturación, filas interminables para abordar una unidad, tiempos de traslado extendidos y una experiencia desigual para los asistentes, sin mencionar la comodidad con la que sí llegó el diputado Cuauhtémoc Blanco en una camioneta sin placas. Aficionados que no llegaron a tiempo y una logística que, aunque funcional, evidenció que el sistema aún no está preparado. 

No es un señalamiento menor. Si este era el ensayo, el Mundial será el examen final. Y hoy, el transporte público —el corazón de cualquier ciudad global— sigue operando al límite. Sin dinero, con tarifazo. No basta con contener la demanda; se necesita anticiparla, distribuirla mejor, hacerla más cómoda, más segura y más confiable.

Porque el Mundial no se va a jugar solo en la cancha. Se va a jugar en los trayectos, en las estaciones, en las decisiones que tomen millones de personas para moverse. Y ahí es donde la ciudad todavía tiene que dar un salto.

La Ciudad de México tiene todo para estar a la altura del mundo. Tiene historia, infraestructura, talento y capacidad institucional. Pero también tiene pendientes claros. El ensayo ya ocurrió. Lo que sigue no es repetirlo, sino corregirlo. Tiene un pueblo con corazón resiliente. 

Colofón: Este fin de semana también dejó un mensaje que no puedo dejar pasar: la fragilidad de la conversación pública. El gasto millonario de las granjas de partidos como Morena; si denuncias masivamente cuentas incómodas, las plataformas reaccionan suspendiendo. En mi caso, por denunciar diputados faltistas y privilegiados. Mi cuenta de Instagram fue suspendida tras expresar opiniones críticas a ellos, por improductivos; queremos que jornada completa laboral para legisladores. Horas después fue restituida, pero el hecho ahí está. Es una de muchas, litigaremos.

POR LAURA BALLESTEROS

DIPUTADA FEDERAL DE MC


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