El Plan V: con V de Venezuela |
La frase del legendario político e intelectual mexicano no ha envejecido un solo día. Cuando un gobierno decide modificar las reglas electorales desde el poder, el argumento técnico que lo justifica importa menos que el propósito que lo motiva. Y el propósito, en este caso, era transparente: garantizar que la presidenta controlara la elección intermedia de 2027 antes de que esta comenzara.
El manual no es nuevo. En Venezuela, Hugo Chávez perfeccionó el método: cambiar las reglas desde adentro, con mayoría propia, antes de que el adversario pudiera reaccionar. Plan V, pues. Con V de Venezuela.
La presidenta Claudia Sheinbaum intentó modificar la Constitución en materia electoral dos veces. El primer intento fue de una audacia que rozó la imprudencia: eliminar la representación proporcional, reducir el financiamiento público a los partidos y, en el punto más revelador, otorgar a su movimiento la facultad de elegir a los legisladores plurinominales de todas las fuerzas políticas.
No era una reforma. Era una absorción. El Partido Verde y el PT, aliados incondicionales en casi todo, votaron en contra. La iniciativa cayó sin siquiera llegar a debatirse con seriedad.
Lejos de leer la señal, la presidenta intentó una segunda vía. Bajo el argumento de la austeridad republicana -forma que pretendía ocultar el fondo, como diría Reyes Heroles-, envió al Senado una reforma distinta: adelantar la revocación de mandato para empatarla con la elección intermedia de 2027 y así inflar artificialmente la participación en favor de los candidatos oficialistas. El mecanismo era distinto; la lógica, idéntica. Esta vez bastaron cinco votos del PT para frenarla. Cinco votos de un aliado menor. Eso, en política, no se olvida fácilmente.
Dos intentos. Dos derrotas. Ambas propinadas por la oposición en conjunto con sus aliados.
Aquí reside la dimensión real del fracaso: la presidenta fue incapaz de convencer a quienes comparten el gobierno con ella de que debe encabezar la estrategia electoral de 2027. Eso no es un tropiezo legislativo. Es una crisis de liderazgo en la coalición gobernante. La alianza Morena-PT-Verde, que parecía monolítica, muestra fisuras que ella no ha podido -o no ha sabido- cerrar. Y las fracturas en política, como las grietas en los muros, no se detienen por sí solas.
El proceso intermedio aún no comienza, pero algo ya está decidido: la Constitución no será tocada en materia electoral. Las reglas del juego permanecerán como están. La pregunta que flota sobre Palacio Nacional es si quien lo impulsó todavía tiene la autoridad moral y política para conducir su movimiento hacia 2027.
Por ahora, la respuesta que ofrecen sus propios aliados es incómoda, elocuente y, sobre todo, pública.
La presidenta dijo la semana pasada en una mañanera: la revocación no es obligatoria; ya la está pensando, no vaya a ser que el de “la chingada” decida revocarla aprovechando que va sola a dicha elección.
POR CAROLINA VIGGIANO AUSTRIA
SENADORA Y SECRETARIA GENERAL DEL PRI