Cuando trabajar implica perder horas, dinero y calidad de vida |
Cada 1ro de mayo recordamos una lucha histórica. Pero en México, el Día del Trabajo sigue siendo también un recordatorio de lo que aún no hemos resuelto.
Porque para millones de personas, trabajar no solo implica esfuerzo: implica perder tiempo, dinero y calidad de vida en el intento.
Trabajar en una ciudad como la nuestra empieza mucho antes de llegar al empleo.
Comienza en traslados largos, en unidades saturadas, en horas que no se pagan pero que sí se viven. Para muchas personas, el día laboral arranca en el transporte público y termina ahí mismo.
Ese tiempo perdido también es una forma de desigualdad.
Por eso he acompañado a las y los trabajadores del Metro cuando han alzado la voz. Sus condiciones laborales no son un asunto aislado: impactan directamente en la seguridad y en la calidad del servicio que utilizan millones de personas todos los días.
No se puede hablar de movilidad eficiente sin garantizar condiciones dignas para quienes sostienen el sistema.
Pero el problema no termina ahí. También debemos hablar del tiempo como un derecho.
La discusión sobre la reducción de la jornada laboral no es una concesión, es una necesidad urgente.
No es razonable que el trabajo absorba prácticamente toda la vida de una persona, dejando el descanso, la familia y el desarrollo personal en segundo plano.
A esto se suma otro desafío silencioso: la vivienda. Hay trabajadores que dedican años, incluso décadas, a pagar créditos que no disminuyen como deberían.
El esfuerzo de toda una vida no puede convertirse en una deuda interminable.
El trabajo debe ser una vía para vivir mejor, no un mecanismo de desgaste constante.
Parece que vives para trabajar o trabajas para vivir.
Este 1 de mayo no puede quedarse en discursos. Tiene que ser un llamado a reconocer que el transporte, el tiempo y la vivienda también son derechos laborales.
Porque dignificar el trabajo no es una aspiración. Es una obligación pendiente.
Y es momento de asumirla.
POR MAYRA ESPINO SUÁREZ