Ganadores y perdedores de la absurda guerra
La primera premisa que debemos comprender para dimensionar el tema de la guerra que hoy confrontan Israel y Estados Unidos en contra de Irán es que vivimos en un mundo diferente, donde el Derecho Internacional Público y el multilateralismo han sucumbido de manera abrupta frente al autoritarismo que se rige por la ley del más fuerte y que hoy, lamentablemente, domina al planeta.
Otra razón geopolítica que es importante analizar consiste en que Medio Oriente ha sido, a lo largo de la historia, una región convertida en botín de los grandes imperios —el británico, el francés y el estadounidense—, y cuya composición geográfica, religiosa, cultural y racial es sumamente compleja. La razón que prevalece como telón de fondo de las ambiciones imperialistas se encuentra en la riqueza petrolera y energética de la zona.
Esta guerra absurda tenía como supuesto objeto limitar la capacidad nuclear de Irán y tratar de cambiar el régimen de los ayatolás. Trump se equivocó: nunca informó a su Congreso y decidió atacar a este país sin darse cuenta de que la agenda de Israel es diferente, lo que se prueba a plenitud con los ataques inmisericordes a Líbano por parte del ejército israelí.
La tregua de quince días que se acaba de aprobar está prendida con alfileres y es sumamente frágil, aun cuando en el fondo Trump ya percibió el daño grave que se ha infringido a la economía mundial y el efecto político interno que podría propiciar que el Partido Republicano pierda las elecciones en noviembre de este año. Los grandes perdedores son los países del Golfo Pérsico que, con sus monarquías teocráticas, habían logrado desarrollar un altísimo crecimiento económico y paraísos turísticos que hoy se encuentran en grave peligro de existir, al mismo tiempo que sus economías han sido gravemente dañadas por los bombardeos iraníes.
Por diferentes razones, tanto Irán como Estados Unidos desean el fin de la guerra. La manzana de la discordia se encuentra en el cruce del estrecho de Ormuz, pues su cierre afecta gravemente la distribución de fertilizantes, alimentos, minerales y, desde luego, petróleo. Las pláticas que propició Pakistán necesariamente tienen que conducir al fin del conflicto, y para ello Trump tiene que obligar a Netanyahu a detener la invasión de Líbano, que por otra parte ha iniciado conversaciones para detener ese conflicto.
Perdedores: toda la humanidad y la economía global. Ganadores relativos: Rusia, que aleja a Trump de la OTAN y aumenta el precio de su producción petrolera; y, por otra parte, China, que paradójicamente aparece como un país que busca la paz mundial y el libre comercio, paradigmas del mundo occidental que curiosamente hoy son los principios que enarbola la República Popular China.
En México, la guerra puede afectarnos de dos maneras distintas. Una negativa, pues Trump, para ganar adeptos, intentará liquidar el régimen cubano y apretar tuercas a México. No obstante, si se lee con inteligencia el futuro inmediato, nuestro país puede verse favorecido en una mejor negociación del Tratado de Libre Comercio, si Estados Unidos entiende que, quiéralo o no, para conciliar su dominio requiere la alianza estratégica y comercial con México y Canadá.
No hay ganadores ni perdedores: pierde el género humano.
POR ALFREDO RÍOS CAMARENA
CATEDRÁTICO DE DERECHO EN LA UNAM
