El montaje que respaldó el poder, no las pruebas

La de Isabel Miranda Torres, La señora Wallace, es una de esas historias que se sostienen por quienes las respaldan y no tanto por las pruebas, y el viernes pasado el sistema judicial parece haber dado señales de reconocerlo: después de más de 20 años de proceso penal, un juzgado de la Ciudad de México ordenó levantar el arraigo domiciliario a Brenda Quevedo Cruz y retirarle el brazalete electrónico que portaba en el tobillo. Diecisiete de esos años los pasó presa en distintos reclusorios, sometida a torturas documentadas, sin que jamás se dictara una sentencia en su contra por el presunto secuestro y asesinato del empresario Hugo Alberto Wallace, hijo de Miranda, en 2005. Brenda deberá firmar ante el juzgado cada mes y mantiene la prohibición de salir del país, pues el proceso sigue abierto. Su libertad apenas empieza.

Brenda comparte destino procesal con otras cuatro personas que continúan presas por el mismo delito: Jacobo Tagle, todavía sin sentencia; y César Freyre y los hermanos Tony y Albert Castillo, los tres ya condenados. Los cinco denunciaron haber sido torturados por las autoridades y........

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