Sinaloa, donde la muerte despierta hambrienta
Juan Alejandro tenía un año y cuatro meses. No pertenecía al grupo de Los Chapitos. No era de La Mayiza. No sabía quién era Ismael “El Mayo” Zambada, ni Joaquín “El Chapo” Guzmán. No entendía de plazas, levantones, convoyes, traiciones ni pactos. Probablemente apenas comenzaba a juntar palabras. Le quitaron la vida sin que pudiera defenderse.
La noche del 5 de septiembre, en Prados del Sur, Culiacán, hombres armados abrieron fuego. Juan Alejandro quedó atrapado en el ataque; una bala lo hirió en la cabeza. Lo llevaron al hospital, pero murió.
¿Juan Alejandro estaba en el lugar equivocado? Estaba en Sinaloa, donde la muerte despierta hambrienta. La impunidad y la colusión entre el crimen organizado y la política solo le dan más........
