Guadalajara: la fiesta y la fosa |
Guadalajara se prepara para recibir al mundo. La Copa del Mundo es el escaparate perfecto: un estadio remodelado, obras de infraestructura y movilidad en el aeropuerto, en la ciudad y en las arterias que conectan los puntos más importantes, para un millón de turistas directos que esperan. Veintitrés mil millones de pesos de presupuesto para vestir la capital y dejar huella entre los tapatíos, discursos de hospitalidad, spots de seguridad y autoridades repitiendo que todo está bajo control. Pero, debajo de esa escenografía, a 148 días de que arranque el torneo, hay una verdad incómoda que nadie quiere mostrar en la transmisión oficial: Jalisco es también la capital de los desaparecidos y un territorio sembrado de fosas clandestinas.
Hábilmente, el gobernador Pablo Lemus hizo una jugada estratégica: cabildear y lograr que la importante Serie del Caribe de beisbol, que se canceló por las condiciones en las que se encontraba Venezuela, tenga en Guadalajara, la primera semana de febrero, su sede. Un ejercicio político y de relaciones públicas con el propósito implícito, se puede conjeturar, de lavar la cara de inseguridad y violencia en el estado.
Jalisco está en la mira de las autoridades estadounidenses, quizás como ninguna otra sede mundialista. El Cártel Jalisco Nueva Generación es la razón. Es un objetivo estratégico, nacido en el estado pero que se extendió a la entidad prioritaria de Washington, Michoacán. El Departamento de Estado mantiene a Guadalajara en el nivel 3 de sus alertas, que recomienda “reconsiderar” viajar a Jalisco, pero en las áreas de inteligencia hay más........