La tía Paty: del chisme digital al crimen organizado |
¡Lo que hay que ver en el “Nuevo” Nuevo León!
Todo lo que he descubierto sobre la famosa y temida “La Tía Paty” no es solo un chisme de pasillo en San Pedro o una anécdota de café, sino que estamos, en realidad, ante lo que parece ser una red perfectamente aceitada de difamación, negocios al amparo del poder y delitos graves que deberían quitarnos el sueño a todos.
Mientras Samuel García nos vende inversiones y empresas que no llegan y presume la modernidad de un gobierno que se dice digital y disruptivo -inhale y exhale-, todo parece indicar que por debajo de la mesa se tejió una estructura que nada tiene que envidiarle a una novela de espionaje o a las tramas más oscuras de la política vieja. Así, pues, vámonos recio…
Una cuenta con un propósito muy particular
Durante años, "La Tía Paty" se disfrazó de cuenta viral de humor regio. Era el lugar “obligado” donde miles entraban para ver el último chisme de la sociedad neoleonesa, pero detrás de los memes y las risas se escondía una estrategia de demolición reputacional y tráfico de influencias digital, que hoy está bajo la lupa. El modus operandi era de manual y, por decir lo menos, sumamente efectivo.
Caguama a pico de botella
Mientras la cuenta promovía sin descanso las marcas vinculadas directamente a Mariana Rodríguez —hablo de Mar Cosmetics, Xile Chile, Peach Agency, Ellaz y Mi Mercado—, simultáneamente difamaba y atacaba a cualquiera que le hiciera sombra o compitiera en el mercado de las influencers. ¿Era una simple coincidencia que el éxito de unas marcas coincidiera con el desprestigio de otras? La consigna parecía ser clara: destruir reputaciones ajenas para que solo hubiera una reina de las redes en el estado.
Mariana era intocable para La Tía Paty,........