Contra el reloj

Seis años dan para mucho cuando se empieza, cuando es el inicio del sueño y cuando se quiere. Y, sin embargo, seis años pueden pasar como un suspiro cuando se pierde de vista el hecho de que el poder no es eterno.

El poder tiene sus propios tiempos. Primero hay que ser conscientes de su existencia, querer alcanzarlo. Después hay que definir para qué se quiere y lograr que otros crean en ese propósito, aunque sea de manera transitoria. Más adelante viene lo más complicado: conservarlo. Mantenerlo exige entender que el comportamiento humano no es tan distinto al de las materias que estudia la física o la geología. Así como los minerales estratégicos modifican su valor y función según el contexto, también el poder muta con el tiempo, con las circunstancias y con las ambiciones individuales.

En la teoría, existen hechos probados y estructuras estables. En la práctica, todo se transforma. Las virtudes y los defectos humanos reconfiguran constantemente el equilibrio que parecía firme. El tiempo avanza y no es que no se puedan emprender nuevas acciones en los años que quedan, es que los comportamientos no previstos alteran el cálculo inicial de resistencia y cohesión.

Durante años, Morena fue la fuerza troncal del sistema político mexicano, sostenida en la lealtad incuestionable hacia su líder fundador. Esa disciplina interna permitía imponer decisiones a aliados, adversarios y actores periféricos. La clave siempre fue la misma: la imposibilidad real de desafiar la voz........

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