Ciudadano Landau |
Muchas veces el conocimiento obstaculiza la esperanza. No es lo mismo creer en aquello que se necesita, se intuye o se cree conocer, que creer a pesar de lo que se sabe. Por eso, el verdadero amor no nace de la ignorancia ni de la fantasía, sino del conocimiento real. De mirar al otro con claridad, con sus virtudes y defectos, y aun así decidir quererlo.
El señor Christopher Landau nos quiere, sin duda. De toda América Latina, el lugar donde parece haberse sentido más realizado, más integrado y más incorporado es México. Landau nació en Madrid –hijo del embajador estadounidense George W. Landau– y desde muy temprano tuvo al español como una lengua natural, casi como una segunda lengua materna. Su biografía no es la de un funcionario que descubrió México desde un expediente, sino la de alguien formado entre códigos latinoamericanos, tradiciones diplomáticas y una relación profunda con la región.
Pero el problema no es que hable español desde la cuna. El problema –o quizá la ventaja, dependiendo desde dónde se mire– es que nos conoce y nos ha ido conociendo a lo largo de toda su vida. Hijo de diplomático, visitante de varios países latinoamericanos –entre ellos Paraguay, Chile y Venezuela por las labores diplomáticas de su padre–, familiarizado con sus singularidades, guadalupano en sus gestos públicos y fiel seguidor de algunas tradiciones mexicanas, Landau no llegó a México como un extraño. Cuando durante su primer mandato Donald Trump decidió enviarlo como embajador de Estados Unidos en México, Landau venía de una trayectoria jurídica de primer nivel en el litigio y el derecho corporativo.
En 2019 fue nombrado como embajador de Trump, pero también se identificó como alguien que entendía que México no se interpreta únicamente hablando la lengua. México se entiende descifrando el código, los dobles sentidos, los silencios y las formas. Ese código impreso es lo mejor y lo peor de nuestro pueblo. Landau lo conoce. Por eso, el hecho de que hoy sea una de las piezas centrales de la arquitectura política de la relación bilateral entre México y Estados Unidos no es un accidente. Es el reconocimiento de su conocimiento profundo del país y de su capacidad para leernos desde dentro.
No es que el secretario de Estado, Marco Rubio, desconfíe de otros interlocutores. Landau es subsecretario de Estado y, por tanto, el número........