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Las dos Colombias

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14.06.2026

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Siempre he sabido que una guerra de medio siglo no puede resolverse en los tribunales sino por un proceso audaz y generoso de transformación del país.

Nunca estuve de acuerdo con el intento de llevar a Álvaro Uribe a la cárcel, porque a pesar de los argumentos jurídicos eso no es más que un coletazo del viejo conflicto que pretendemos superar, y porque más que un hombre él es un símbolo y encarna la dignidad de medio país que siempre lo ha apoyado.

Por la misma razón no puedo estar de acuerdo con la pretensión grotesca de llevar a la cárcel a Gustavo Petro, y menos aún de extraditarlo y someterlo a la justicia de Estados Unidos.

No creo que Uribe sea un criminal, y menos aún pienso que lo sea Gustavo Petro. Creo que ambos han cometido errores y que ambos se han esforzado por traer cambios positivos a la sociedad colombiana. La realidad del país es demasiado compleja y cambiarla es muy difícil, pero así como tenemos la indolencia de dejarlo todo en manos de unos líderes, también nos cebamos con saña en sus errores y los hacemos responsables de todo.

Liberales y conservadores fundaron en Colombia una escuela de odio asombrosamente eficaz en su pedagogía, pero no pienso que los colombianos seamos tan culpables de nuestros males como creemos, y menos que esas culpas se puedan condensar en unos individuos.

La causa de todos los males de Colombia es la falta de una economía pensada en grande y diseñada para dar empleo a todas las fuerzas y talentos del país, para aprovechar los extraordinarios recursos que todavía conserva esta tierra. Sin industria ni agroindustria, sin una gran economía diversa e incluyente, sin infraestructura, sin un mercado interno capaz de proveer al país entero, sin........

© El Espectador