Instrucciones para vivir la Odisea
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Mucho más difícil que ir a la guerra es volver después a casa. Más difícil que odiar es volver a ver a los otros como socios y amigos. En Colombia, país paradójico, lleno de cordialidad y de guerras, nunca sabemos construir la paz. Y la pregunta que hace tres mil años se hizo Homero es ¿cómo volver a confiar en los demás? Hubo una vez un hogar, hubo una casa perdida. La humanidad occidental siempre ha vivido la nostalgia del paraíso. Teníamos un reino, una casa firme, un mundo familiar, un entorno propicio. Pero nos fuimos a la guerra. Muy lejos de todo lo querido asediamos diez años una ciudad que resistía, una ciudad indoblegable. Y para derrotarla tuvimos que mentir, fingir al final que nos íbamos, que abandonábamos la empresa, que dejábamos como signo de paz un enorme caballo de madera en la playa. No sabían los pobres troyanos que en ese caballo que llevaron jubilosos al interior de la ciudad estábamos escondidos los que íbamos a incendiarla y a destruirla. Lo que no pudo la confrontación valerosa y sincera lo pudo al final el engaño, el truquito, la traición. La guerra nos vuelve cada vez más pequeños, más infames, más sucios. Se empieza por los más nobles ideales y se termina por las patrañas más deshonestas. Con tal de ganar todo se vale. Y tarde descubrimos que no solo los otros perdieron.........
