La otra foto de la Casa Blanca
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Que le fue muy bien, concluyó María Jimena; que fue la visita más humillante y deshonrosa de un jefe de Estado colombiano en los últimos 40 años, calificó Aurelio. “Felicitaciones” —le dijo Julio Sánchez al embajador Daniel García-Peña, organizador de la cita— porque todo salió muy bien (¿desde cuándo está la prensa para felicitar a agentes del Estado por hacer su trabajo?). Que estaba presupuestada para 40 minutos y se alargó a una hora y cuarenta; que al brasileño Lula solo lo recibió 35, por reloj. En fin, la noticia quedó en primera página para la historia, para la nuestra, la pobre, incierta, bananera y acomplejada historia colombiana, pues la foto abrió todos los periódicos y páginas y portales, los nuestros, pero solo se coló en páginas interiores para los diarios gringos, que no le concedieron tanta importancia. A lo largo de los meses venideros iremos conociendo muchos más pormenores de qué fue lo que ocurrió en realidad en la mañana de ese 4 de febrero en aquella casa del número 1600, Avenida Pensilvania, Washington D.C.
Viendo la foto “histórica” es imposible no arriesgar otros juicios y plantear otros interrogantes más allá de cuándo durará esta luna ficticia de miel, y de qué tanto se negoció, de modo abierto y taxativo, pero también interna y psicológicamente, tras esa puerta cerrada. El primer juicio es el modo impresionante en que se parecen........
