Dejando constancia

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Después del agitado gobierno de Petro, en el que no ha habido un solo día en paz, el balance para la historia es que en este cuatrienio todos —gobiernistas y oposición— estuvieron dispuestos a poner la Constitución del lado de sus preferencias ideológicas y, de alguna manera lo han logrado, así fuera con retazos, como lo confirma el desorden y anarquía que hoy tenemos.

Primero fue la ilusión de una constituyente que Petro había prometido que no la convocaría. Olvidó esa promesa y asustó al país porque estuvo dispuesto a convocarla por decreto. El mecanismo idóneo para reformar la Constitución lo volvió odioso, tanto que no hay precandidato que se atreva a sostener que le jalaría a una constituyente, a pesar de que esa es la única forma posible para extirpar los vicios de la justicia y la política. Ese sueño constituyente a la brava aún no se ha desvanecido y equivocadamente la izquierda la reclama como una conquista suya que no deja dormir a la derecha. Todos desconocen que nuestra Carta Política es hija de una Constituyente que, duélale a quien le........

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