De rabias, rencores e intolerancias
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Una cosa es hacer política con la rabia, otra dejarse llevar por ella. En el primer caso, esa emoción, asociada a indignación, es estrategia para vehicular sensaciones colectivas. El político bebe o hace como si bebiera de ella y la transfunde en pegante social. En el segundo caso, el gobernante es presa de la exaltación asociada a la ira, a lo visceral, que le hace perder el control y lo arrastra a terrenos de la vindicación, donde se confunde lo personal con la ideología.
La historia recuerda al séptimo presidente estadounidense, Andrew Jackson, famoso por sus duelos; al irascible y........
