Mi Chino

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En la Bogotá de antes, esa de ruanas, llovizna eterna y modales de hierro; decirle a alguien “mi chino” era el grado más alto de pertenencia. Era el orgullo del padre que presentaba al hijo, la ternura de la abuela que veía en su nieto la continuación de la familia y, sobre todo, la esperanza de pensar que quien venía atrás haría las cosas con juicio. Esa expresión, tan nuestra en el interior y tan cargada de afecto protector, ha mutado. Hoy, en una esquina estratégica de Sopó, ese mismo sentimiento dejo de ser solo una frase para convertirse en una de las propuestas más honestas, arriesgadas y sabrosas de la nueva cocina de la Sabana: El Chino.

Sopó no es un lugar cualquiera. Es un municipio que ha sabido aprovechar los avances y cambios del crecimiento urbano sin dejarse ahogar por el concreto. Mientras pueblos vecinos han entregado su alma a los centros comerciales, Sopó se mantiene como un refugio donde el aire todavía huele a pasto recién cortado, y el cielo se siente más ancho. Además, es un eje gastronómico en efervescencia, un laboratorio a cielo abierto donde la........

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