Antes de la mina está la casa
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Siempre que pensamos en Zipaquirá, casi todos imaginamos el mismo destino: la Catedral de Sal. Y con razón, pues es uno de los lugares más impresionantes de Colombia. Sin embargo, las ciudades nunca se limitan a un solo atractivo. Antes de llegar a la mina hay calles, personas, historias y familias que llevan décadas construyendo silenciosamente experiencias para quienes las visitan.
Eso encontré en el Hotel Camino de la Sal (@hotelcaminodelasal), y no porque sea el hotel más grande, ni el más lujoso. Todo lo contrario, ya que su mayor valor es que entendieron algo que hoy parece escaso: la hospitalidad no se compra, se aprende en la familia.
Hace años, cuando el turismo empezaba a crecer en Zipaquirá, sus fundadores decidieron emprender en hotelería, sin tener experiencia. No conocían protocolos, estándares internacionales ni manuales de servicio, pero tenían una profunda convicción de trabajo, heredada de sus raíces boyacenses: servir con honestidad, hacer las cosas bien y cuidar a quien llega como si estuviera entrando a su propia casa.
La esencia estaba, el conocimiento vino después. Quizás por eso el hotel nunca cayó en la tentación de competir desde la........
