Occidente y otros mitos

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Gracias a la generosidad de un amigo, tengo en mis manos un libro que representa uno de esos raros hitos de la literatura que derrumban tradiciones aceptadas durante largo tiempo y establecen nuevas creencias basadas en la investigación y la ciencia. Se trata de un relato de cuatro mil años de historia humana resumidos en 574 páginas por Josephine Quinn, especialista en historia antigua y profesora de la universidad de Oxford desde hace más de veinte años.

La tesis central del libro es que la historia de la especie humana no es el resultado de los aportes separados de distintas civilizaciones, comenzando por las de Atenas y Roma, sino el fruto de las conexiones y el intercambio de conocimientos y experiencias de todos los pueblos del mundo. La profesora Quinn rebate con sólidos argumentos y evidencias la idea de que la cultura occidental surgió en forma aislada y demuestra que ella ha sido el resultado de conocimientos y experiencias, como los códigos de Babilonia, el arte fenicio de la navegación, la literatura de la India y la erudición árabe, para mencionar unos pocos. También documenta cómo los griegos y los romanos reconocían sus propios intercambios, de modo que la globalización existió desde la Antigüedad.

La autora rechaza la interpretación de la historia basada en la idea de distintas civilizaciones, y sostiene que las conexiones y el intercambio de conocimientos y experiencias de todos los pueblos del mundo han dado como resultado una historia única. Esta tesis contradice las interpretaciones de la historia humana basadas en la idea de distintas civilizaciones que se desarrollaron separadamente y sostiene que las conexiones entre los distintos pueblos del mundo (buenas y malas, incluyendo las guerras entre las segundas) han dado como resultado una historia única.

La tesis rechaza las teorías que atribuyen a características regionales el desarrollo desigual de las distintas partes de la humanidad y la supuesta superioridad de unos pueblos sobre otros que subsiste en la actualidad, como lo muestra la existencia del llamado supremacismo blanco en Estados Unidos. Es una tesis progresista que contribuye a interpretar la historia única de la especie con argumentos científicos y no con los caprichos y prejuicios de quienes han querido clasificar a la humanidad por conveniencias políticas o de otra índole para defender la idea de que hay partes de la especie que son superiores o inferiores a las demás.

La autora presta especial atención a la historia de la parte del mundo conocida como Occidente y demuestra, con abundantes argumentos y numerosos ejemplos, la equivocación de clasificar a la humanidad por regiones, estructuras anatómicas u otras características de sus habitantes como el color de la piel. Basada en las evidencias arqueológicas, fuentes de indiscutible autoridad y testimonios de reconocidos historiadores, filósofos y otros expertos que han tratado el tema en distintas épocas, demuestra la fragilidad de la idea de las supuestas civilizaciones que han construido la historia.

La profesora Quinn se dedica primordialmente a demostrar cómo ha sido la contribución de toda la humanidad y no un desarrollo autónomo y excluyente la que ha dado a esta parte del mundo los instrumentos necesarios para construir su cultura, con lo cual desecha la idea misma de que existe un Occidente que se desarrolló con exclusión de todo aporte externo. Este enfoque se refleja en el título del libro: Cómo hizo el mundo a Occidente.

El texto de la profesora Quinn está escrito en un lenguaje asequible y ameno, lo que ya es un logro notable tratándose de un tema como la historia. Pero su principal mérito es que contradice con eficacia ideologías tan dañinas como el racismo y lo hace con elocuencia, sabiduría y autoridad.

Por Leopoldo Villar Borda


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