La Iglesia y la santa

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Según Guy Bechtel (Las cuatro mujeres de Dios: la puta, la bruja, la santa y la tonta) la santa fue siempre la favorita de la Iglesia. Las santas eran mujeres piadosas, ricas e ilustradas. Había millones de mujeres piadosas, sí, pero solo eran visibles las cultivadas, y los únicos lugares donde había libros y cierta libertad para cultivarse eran los conventos, que eran sitios carísimos.

Todas las santas tenían estigmas (heridas físicas) y hablaban con Dios.

Como Dios es una potencia improbable mas no imposible, no podemos descartar que Él exista y se comunique con algunas elegidas y les provoque estados de éxtasis, trances piadosos, sensaciones muy semejantes a las del placer erótico, como en esta visión de santa Teresa de Ávila.

Veía un ángel junto a mí / tenía en la mano un dardo de oro / y en la punta fuego había. / Me lo clavó en el corazón / me llegó hasta las entrañas. / Cuando lo sacó / quedé toda abrasada / en el amor de Dios.

La poesía mística medieval es femenina y tiene claves definidas: Amor significa Dios; la boca, los besos y los abrazos son imágenes de fusión con la divinidad (también símbolos de la fe), la voz lírica está siempre herida de Amor, y la herida es dolorosa y dulce a la vez.

La Iglesia toleraba estas poetas a regañadientes: había demasiado fuego en sus versos, hablaban directamente con Dios y hasta contradecían la doctrina. Por esto, muchas santas fueron acusadas de herejía y concupiscencia y terminaron en la hoguera. «El fuego apaga el fuego», repetía el verdugo eclesial cuando atizaba las llamas.

En el púlpito, el teólogo utilizaba el vocablo vulgar: lujuria. En los debates decía concupiscencia,........

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