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El silencio y la palabra

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19.01.2019

Desde hace varios años dirijo el Taller de Escritura Comfandi de Cali. Ignoro si mis estudiantes aprenden poco o mucho. Sí, han ganado muchos premios dentro y fuera del país, pero es imposible medir qué parte del mérito le corresponde al Taller y qué parte es fruto de lo que ya traían en sus mochilas.

Nota: aceptando que los premios pueden ser importantes, tenemos claro que la literatura es algo más serio que el oro y los premios.

Yo sí he aprendido muchas cosas, y casi todas me las han enseñado los estudiantes. Aprendí que la tensión es el alma del cuento, y que imitar a Kafka o a Chejov es más peligroso que imitar a los autores de cuentos cerrados, es decir, los que tienen finales definidos. Que un argumento ingenioso se escribe solo, pero una trama sencilla necesita altas dosis de humanidad y una destreza técnica muy discreta, invisible. A lo Rulfo.

Aprendí que son errores pensar que el ensayo de........

© El Espectador