menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El costo humano de la soledad

10 31
04.02.2026

Audio generado con IA de Google

0:00

0:00

La teoría sueca del amor es un documental muy original que nos muestra una sociedad que defiende la independencia de cada miembro como valor supremo. Hoy esta tendencia ha comenzado a generalizarse en diversos lugares del mundo, pero muy especialmente en Japón. ¿Qué impacto tendrá este proceso sobre la felicidad de la población?

La antropóloga estadounidense Margaret Mead sustenta que nos hicimos humanos cuando aprendimos a cuidar a los demás. De esa manera, un fémur curado era un claro indicador de vida humana. Sin ese apoyo, quien se hubiera partido el hueso inevitablemente hubiera muerto ante la imposibilidad de desplazarse, de huir de la persecución de un animal salvaje o de buscar el alimento diario. Cuidar a otros es señal del inicio de una civilización.

Evoco esta reflexión antropológica para entender los riesgos del periodo que hemos comenzado a vivir como sociedad. Cada día es menor el número de miembros en las familias. Es frecuente que los jóvenes no tengan hijos, que solo tengan uno o que conformen familias unipersonales. Esto ha sido común desde hace décadas en Asia y Europa y ha generado una vejez cada día más solitaria. La descendencia de un matrimonio entre dos hijos únicos no conoce la familia extensa y carece de hermanos, tíos, primos, cuñados y concuñados, entre otros. La pregunta es: ¿quién cuidará de las nuevas generaciones cuando lleguen a la vejez avanzada?

Vivimos una época en la que tienden a desaparecer los vecinos y la familia extensa y, al mismo tiempo, las relaciones virtuales tienden a sustituir a las reales. Esto ha llevado, entre otras cosas, a que los jóvenes, por primera vez en la historia, se sientan aislados y deprimidos. Todos lo vivimos durante la pandemia. Así como estamos en deuda con el personal de salud por haber salvado la vida, debemos agradecer a la virtualidad por garantizar que pudieran continuar los trabajos, las escuelas y una buena parte de los rituales sociales. Aun así, esta nunca fue comparable con la realidad. Por........

© El Espectador