De pescados e inteligencias
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En una conversación casual con mi hija menor, a propósito de una de esas asociaciones de ideas que llegan sin pensarlo y sin pedirlo, me acordé de Les mouches, la obra de teatro de Sartre.
Todo surgió porque me habían servido una bandeja de pescado con yuca y torta de plátano maduro y arroz de coco, humeante, exquisita. Ella, vegetariana estricta, pero respetuosa a ultranza de quienes no lo somos, miró de reojo el pez que brillante desafiaba sus principios. Entonces me acordé del parlamento que le espeta Electra al cadáver de su padrastro Egisto, que yace con los ojos abiertos y que acaba de ser asesinado a manos de su hermano Orestes. Ella lo había cubierto con una manta porque le resultaba insoportable ver sus ojos yertos pero abiertos. Como si el cadáver tuviera todavía poder sobre ella y sobre Argos, la ciudad que, por fin, había sido liberada del tirano asesino de Agamenón, su padre, gracias al regreso de su hermano.
En el momento en que le retira bruscamente la manta, le dice “No me importa para nada tu mirada de pescado muerto”, y la escena llega a una especie de clímax teatral junto con........
