De niños y adultos (II)

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Poco tiempo después de haber empezado a dedicar mi vida a la educación, comprendí en medio de mis primeras escaramuzas con el sistema escolar, que la escuela debía enfocarse más en formar el carácter de sus invitados antes que a otra cosa. La inteligencia o el cuerpo también, y por supuesto los conocimientos, pero todos ellos girando, cada uno en su propia órbita, alrededor de la estrella mayor del carácter.

De aquellos primeros desencuentros con la institución escolar a hoy han pasado cuarenta años y sigo creyendo más o menos lo mismo. Para entonces las emociones de los estudiantes y su relación con la integralidad de su formación permanecían agazapadas, y los planes de estudio eran enciclopédicos y soñolientos. Aprender de todo parecía ser la consigna, así se olvidara más temprano que tarde lo aprendido.

Hoy las cosas han cambiado, pero aún se siguen pareciendo mucho, con nombres diferentes, a las que hacíamos en los años ochenta. Nos sigue dominando todavía una mirada controladora de la escuela, cautiva por las presiones de las familias y las incertidumbres de todo tipo que la........

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