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Te pagaré por ser mi esposa

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18.05.2026

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Yo le pago un sueldo a mi esposa por el trabajo de ser mi esposa. Debería pagarle más. Ser mi esposa es un trabajo espantoso.

Cuando nos casamos, le pagaba un salario porque venía los viernes a mi programa de televisión y mostraba videos que ella había grabado en nuestra casa. Al público le gustaba que mi esposa se burlase de mí. En esos videos domésticos yo aparecía como un tonto en calzoncillos: roncando a mediodía, rodeado de almohadas que, como una blanda muralla china, delimitaban mi territorio de holgazán en la cama, durmiendo sobre un flotador en la piscina, alimentando a los gatos de los vecinos, escribiendo con sombrero y en ropa interior.

Después mi esposa se cansó y dejó de venir los viernes, pero yo seguí pagándole una remuneración mensual. Era lo justo. Ella trabajaba, mientras yo dormía. Aún ahora, yo duermo, gracias a que ella trabaja. Yo me levanto a las dos de la tarde. Mi esposa salta de la cama, sin quejarse, a las seis de la mañana. Luego prepara el desayuno para nuestra hija adolescente y la lleva a un colegio fuera de la isla, a media hora en auto desde nuestra casa. Después de dejarla en la escuela, mi esposa va al gimnasio. Su cuerpo de atleta le pide ejercitarse todos los días. Al llegar a casa, duerme una siesta y luego me prepara el desayuno: un jugo de naranja y otro de papaya. Entretanto, me cuida el sueño. Los teléfonos están apagados. Si alguien toca el timbre de la puerta de calle, mi esposa corre a atender a esa persona en voz baja, no vaya a despertarme.

Pero el trabajo más valioso que cumple no es el de cuidarme el sueño, permitiendo que yo despierte de buen humor. Gracias a ella, tenemos un canal de YouTube. Me convenció de inaugurarlo hace tres años. Me aseguró que el emprendimiento tendría éxito y que ganaríamos dinero. Yo no le creía. Pensaba que fracasaríamos, que perderíamos el tiempo, que nadie nos pagaría. Tanto insistió, que me rendí. Pues mi esposa tenía razón. Nuestro canal ha reunido a un........

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