Yeni y Caché |
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“La magia comenzaba” cuando en el horizonte veía cómo brillaban las láminas de zinc que cubren la exquisita estructura tallada en madera de la Concatedral de San José de Tadó. Desde ese primer deslumbramiento ocurrido en mayo de 1992, al regresar al Chocó “no puedo evitar que los ojos se me agüen”. Sé que desde esa cuenca del San Juan aún están lejos los pueblos del Baudó, pero aun así los he sentido como “natales” porque su gente me adoptó, y he presentido la conmoción que hace ya treinta años me ocasionaron los verdes de las selvas y las transparencias de ríos y quebradas. Esas sacudidas retienen la emotividad original, pese a los cataclismos que los paisajes y las personas se han visto obligadas a enfrentar por las actividades de los grupos armados y las ilegalidades que ellos han impuesto. Para 2026, me propongo que esta columna sirva para........