Maderas parlantes*
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En la actual contienda política, centro y derecha poco interés han expresado por el Afropacífico y sus gentes. Una alternativa es la de reivindicar culturas como las de quienes protagonizan estos relatos, los jovencitos Yeni y Caché, y sus familiares y amigos afrochocoanos.
A veces, a Yeni la casa de don Justino le ponía la piel de gallina. Era la más linda de la Boca, de dos pisos, hecha con tablones sacados de los finos árboles de chachajo, con un balcón que daba hacia el embarcadero, adornado con calados que don Peregrino Quiñones había tallado y pintado de azul rey, pero que ya tenían su honguiza de viejera.
A ese maestro de la talla lo llamaban santero porque había labrado muchas imágenes sagradas para las iglesias y capillas de la región. En el primer piso, el mayoritario** había hecho un salón amplio, pensando en que allí podrían celebrarse velorios*** a la Virgen de la Pobreza, a otros santos o a los difuntos del pueblo. Sin embargo, a la niña eso no era lo que le daba escalofríos, sino el sonido de las vigas, horcones y tablas de las paredes. Chirreaban al entrar, al recorrer las habitaciones del segundo piso o al echar hacia la parte de atrás y llegar a la........
