No votaré por De la Espriella

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Hay una larga y respetable tradición, que arranca entre nosotros de Manuel del Socorro Rodríguez y Antonio Nariño que consiste en que los columnistas anuncian su voto de manera anticipada. Hace parte del papel del periodismo como orientación y también como militancia. Durante mis 50 años en este ejercicio, he tratado casi siempre de sustraerme a esa práctica. Lo he hecho para evitar el lado desventajoso de esa costumbre, cuando la mueve cierto grado de narcisismo (¿quién soy yo para dar orientaciones?), fiebre propagandística o, peor aún, ejercicio de lagartería confiado a la ruleta rusa del resultado.

No voy a caer en eso en esta ocasión. Pero tal vez, sin mayores pretensiones, he pensado que, al contrario, decir cuáles son las razones para no votar por determinados candidatos puede tener alguna utilidad y, en todo caso, es lo contrario de un mecanismo de búsqueda de canonjías y ventajas futuras, algo que no me interesa.

No votaré por Abelardo de la Espriella. No solo porque no ha acumulado suficiente experiencia y autocontención para gobernar este terruño, sino porque es producto de una política meramente performativa, con más fanfarria que ideas, basada en emociones aupadas por la inteligencia artificial, que se ha desenvuelto en medio de una parafernalia de discoteca de quinta categoría, esferas luminosas, volcanes de pólvora de salón, música frenética que solo repite el nombre del candidato e, incluyendo al respetado........

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