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Sin tiempo para odiar

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26.03.2019

Me pregunto si el optimismo es demostración de ingenuidad o una dosis de audacia que llevamos en el botiquín de primeros auxilios para lograr sobrevivir. No soy naif ni apocalíptica, pero me resulta difícil ver a Colombia con ojos tranquilos.

No somos un Estado fallido. Así sea lánguida, permeada por la corrupción y esté amenazada por los autoritarismos de hecho, la democracia sigue siendo nuestro régimen y eso es ganancia. Basta, para confirmarlo, una repasada a lo que fueron Pinochet, Videla, Somoza o Rojas Pinilla.

Pero se necesita más que no tener una dictadura para ser un país política y socialmente armónico. A la democracia es preciso cultivarla y defenderla con inteligencia colectiva, con visión de una estructura social que dignifique a los más vulnerables y les dé oportunidades a los marginados de siempre. Una democracia que no........

© El Espectador