Contra el oscurantismo
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Hace mil años, cuando yo tenía siete, llegó la hora de “preparar a la niña para la primera comunión”, y alguien de la familia sugirió que el mejor lugar sería una sede que tenía el Opus Dei por los lados del Parque Nacional. Dos veces por semana me llevaban a una residencia inglesa (léase “la casa del terror”) a recibir de unas pseudo-monjas españolas, para quienes todo era pecado, mi formación religiosa. Yo había pasado el 99 % de mi vida rodeada de ideas liberales, ternura, arte, cultura, amplitud de pensamiento y defensa de la dignidad humana. Entre la “disciplina de confianza” de mi abuelo, la filosofía del cariño de mi mamá, y la visión ejecutiva y solidaria de mi papá, esa casa del Opus Dei representaba la antítesis de lo que yo había sentido y aprendido, y de todo aquello que yo amaba y defendía desde mi joven convicción libertaria.
Ahí, en esa........
