Fui actriz infantil. Nadie merece ese destino
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No conocía a Hayden Panettiere muy bien que digamos. Nuestros caminos se cruzaron solo brevemente en un programa de televisión y aún más brevemente en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en 2005 más o menos, justo antes de que trabajáramos juntas. Recuerdo haberle asentido con la cabeza y saludarla en una tienda de revistas. No sabría decir exactamente si era del trabajo o de la vida. Viajaba con quien parecía ser un tutor. A sus 15 años más o menos, no era ni niña ni adulta. La reconocí en el aplomo, en esa vaguedad de te-conozco-de-algún-lado, en las formas que nos hacían especiales y a la vez no. Ella me devolvió el…
No conocía a Hayden Panettiere muy bien que digamos. Nuestros caminos se cruzaron solo brevemente en un programa de televisión y aún más brevemente en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en 2005 más o menos, justo antes de que trabajáramos juntas. Recuerdo haberle asentido con la cabeza y saludarla en una tienda de revistas. No sabría decir exactamente si era del trabajo o de la vida. Viajaba con quien parecía ser un tutor. A sus 15 años más o menos, no era ni niña ni adulta. La reconocí en el aplomo, en esa vaguedad de te-conozco-de-algún-lado, en las formas que nos hacían especiales y a la vez no. Ella me devolvió el asentimiento y la sonrisa, pero yo no sabía si solo estaba siendo educada o si nos veía como nosotras a ella, como colegas actrices infantiles.
Puede que hayamos trabajado en distintos sets, para distintos directores, en distintas épocas, pero todas llevamos las mismas heridas reconocibles. Por muy buenas que lleguen a ser las salvaguardias sindicales, por mucha vigilancia que haya sobre el comportamiento de acoso y manipulación (grooming), nada de eso cambiará el hecho de que actuar desde tan jóvenes nos despoja de nuestra infancia y nos deja a solas con las consecuencias. Los detalles específicos pueden cambiar, pero el ciclo poco ético en el que estamos atrapadas, no. Al menos no hasta que la industria, el público y la cultura reconozcan que todos participamos en algo extractivo, explotador y no consensuado, y hagan algo al respecto.
Hace casi 100 años, Estados Unidos prohibió en gran medida el trabajo infantil. Ya no toleraríamos que los niños pequeños trabajaran largas horas en fábricas; acordamos que los niños debían estar en la escuela. Lo que viví de niña me demostró que las leyes que supuestamente me protegían eran menos importantes que la necesidad de terminar una jornada de rodaje. A los 11 años, empecé a actuar en películas para televisión en Toronto. Muchas de las experiencias fueron mágicas, como cantar con Naomi Judd o sentarme en el remolque de Sissy Spacek mientras ella tocaba la guitarra.
Pero los bajos presupuestos significaban que el tiempo era corto. Por lo general, los rodajes duraban solo de cuatro a seis semanas, y cada segundo contaba. Yo estaba rodeada de adultos, y las expectativas seguían siendo las de un set de filmación, donde el espectáculo debe continuar, sea un actor infantil o no.
En un trabajo que hice cuando tenía 12 años, cumplía jornadas de 12 horas y aprendí lo que significaba........
