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Por un país más incluyente

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24.12.2018

Por Sebastián F. Cote Pabón*

“¡Chao, profe, me voy a las manifestaciones!”, dijo con ingenua desenvoltura uno de mis alumnos al entregarme su parcial sin comas, sin tildes, sin argumentos, sin contexto, ¡sinvergüenza! Yo me preguntaba, ¿cómo podía irse tan orondo este sujeto luego de haber perdido la asignatura? ¿Cómo puede este joven ir a exigir vociferante mayores subsidios para la educación, si no sabe qué es una buena educación pues no ha aprendido aún a leer y a escribir? En lugar de ir a hacer bulto en las protestas, ¿no sería mejor que este muchacho se preocupara por aprender inglés con esa herramienta llamada internet que nos permite a todos ser autodidactas?

Este joven, sin embargo, es solo parcialmente culpable de su desenfado. Su actitud no es sino el resultado de la mala educación de un sistema en extremo indulgente que trata a los alumnos como clientes. Un sistema para el que el número de estudiantes que ingresa a cursar una carrera debe graduarse en su totalidad cinco........

© El Espectador