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Provocando a la bestia herida

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27.02.2019

Una gran estupidez. Solo así puede calificarse la detención, en el palacio presidencial de Miraflores, en Caracas, del periodista Jorge Ramos y de sus seis compañeros de Univisión, la más influyente cadena de habla hispana en Estados Unidos. La orden de retenerlos y confiscarles sus equipos y grabaciones fue dada directamente por Nicolás Maduro quien, minutos antes del atropello, se había levantado de su silla mientras Ramos lo entrevistaba. A Maduro no le gustaron las preguntas que el popular presentador latinoamericano de noticias le estaba formulando. Y actuó con su acostumbrada megalomanía, interrumpiendo la conversación en mitad de la grabación para que quedara claro quién mandaba. Después los liberó, pero para ponerles en sus pasaportes el sello de “deportado”. Pero el dictadorcito venezolano, que exhibe en público sus dotes de bailarín de salsa mientras las fronteras de su país se incendian y sus compatriotas se matan entre sí, no es el único que termina, con violencia, las entrevistas que se salen del libreto impuesto por las conveniencias del poder. Otros mandatarios, desde Trump hasta Álvaro Uribe, que, hoy, se muestran ante el mundo como los abanderados de la democracia, han hecho gestos similares, intimidando reporteros, mandándolos a callar, expulsándolos de las residencias presidenciales........

© El Espectador