En Colombia, la decencia ha entrado en pausa |
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“Yo conozco a Abelardo desde que somos muchachitos. Luego, él estudió derecho. Y hemos seguido siendo amigos…”. Quien habla con tanta cercanía del candidato presidencial de los 10 millones de votos, se llama Salvatore Mancuso (ver). Para los que no lo recuerdan –pues en la Colombia de hoy casi nadie quiere usar su memoria– Mancuso es el macrocriminal jefe de varios bloques paramilitares que, bajo su mando, “dejaron una estela de muerte, tortura, desaparición forzada y despojo de tierras” de civiles campesinos; Mancuso es el mismo que fue condenado por enviar centenares de toneladas de cocaína a Estados Unidos, en cuyas cárceles purgó pena durante 12 años; es el exterminador del Caribe sobre el que pesan otras condenas, en la justicia nacional, por la comisión de 1.500 violaciones a las leyes; es el conformador del bloque Catatumbo “conocido por sus masacres y por el uso de hornos crematorios…” en donde, a lo nazi, se reducían a cenizas los restos de las víctimas para que nunca pudieran hallar su pista; en fin, es el aniquilador responsable de, al menos, otros 80 mil delitos graves por los que, aún, no ha sido juzgado (ver). En esa declaración de hace un par de años, Mancuso –el “amigo” del ídolo de los electores encantados con sus espectáculos de domador de........