Menos promesas, más hábitos: repensemos el inicio de año

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Cada inicio de año viene acompañado de una promesa silenciosa. El cambio de calendario opera como un ritual compartido que nos invita a detenernos, a mirar lo que fue y a proyectar lo que podría ser. Hay algo profundamente humano en esa sensación de comienzo, en la idea de que un nuevo año abre la posibilidad de corregir rumbos, de ensayar versiones más conscientes de nosotros mismos. Por eso reaparecen las listas de propósitos, casi siempre parecidas, cuidar mejor la salud, trabajar con más equilibrio, dedicar más tiempo a quienes queremos. Durante unos días, incluso, creemos de verdad que esta vez será distinto. Sin embargo, con frecuencia, ese impulso inicial se diluye rápidamente y las resoluciones quedan reducidas a buenos deseos que no logran sostenerse cuando la vida retoma su ritmo habitual.

El problema rara vez está en la falta de aspiraciones o en la claridad sobre lo que quisiéramos cambiar. La dificultad suele aparecer en el tránsito entre la intención y la acción, entre lo que deseamos y lo que efectivamente hacemos cuando pasan las semanas. Ese tránsito no se sostiene solo con motivación o fuerza de voluntad, sino con algo mucho más estructural, los hábitos. Como explica Charles Duhigg en El poder de los hábitos, los cambios duraderos no ocurren por grandes decisiones ocasionales, sino por pequeñas conductas que repetimos día tras día.........

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