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Trofeos de guerra

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En 1944, un congresista del partido demócrata, Francis E. Walter, le regaló a Franklin Delano Roosevelt un abrecartas tallado en el hueso del brazo de un soldado japonés. El presidente de Estados Unidos devolvió el «detalle» y exigió su debida sepultura.

El 22 de mayo de ese año, la revista Life publicó la imagen de una joven contemplando un cráneo japonés que le había enviado su novio, militar activo en las operaciones en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Un mes después, el Ejército de Estados Unidos publicó una circular que señalaba que «el maltrato de los muertos en combate enemigos es una violación flagrante del Convenio de Ginebra de 1929 sobre Enfermos y Heridos».

El periodista Winfield Townley Scott escribió un poema inspirado en un marinero estadounidense que llegó a su sala de redacción con una calavera japonesa:

«Sin cuerpo, sin carne,........

© El Espectador