“Un libro, para mí, es unas horas que me esperan de silencio” |
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La primera vez que escuché el nombre de Darío Jaramillo Agudelo fue en 1987. Tenía diecisiete años. Era flaco y tenía pelo. Hacía trabajo popular, por ese entonces, en el barrio San Javier, con los jesuitas. Una muchacha, Sofía Margarita, llevó un libro de poemas suyo, de color verde: 77 poemas. Desde entonces me ha acompañado.
Fue también uno de los primeros escritores que conocí gracias a mi oficio de librero. No recuerdo en qué momento empezamos a conversar de libros. Me encargaba títulos difíciles de conseguir (una de mis pasiones). Recuerdo a un autor que me pedía con insistencia: David Leavitt. Gracias a él salí........