Carlos el grande
Ha fallecido Carlos Espinosa de los Monteros, y con su marcha se extingue una de las figuras más acabadas, elegantes e infrecuentes de la España contemporánea. En una época asolada por el conformismo táctico, el gregarismo ideológico y la mediocridad omnipresente, la vida de Carlos se erige frente a todo eso. Fue, por supuesto, un hombre público ejemplar y un gestor empresarial de primer orden, pero reducir su legado a una mera relación de cargos y éxitos corporativos sería una ceguera imperdonable. La dimensión de Espinosa de los Monteros trasciende el currículum; reside en sus virtudes personales, en su arquitectura moral y en una forma de estar en el mundo que hoy parece casi extinta.
Carlos encarnaba una síntesis insólita de cosmopolitismo y sentido patriótico. Educado en la cultura de la excelencia, entendía que el servicio a la nación no era un cliché retórico ni un ejercicio de autoafirmación identitaria, sino un deber cívico intransferible. Concibió el sector público y la empresa privada no como trincheras antagónicas, sino como ámbitos complementarios desde los que edificar una sociedad civil fuerte, próspera y libre. Jamás entendió el éxito como una patente de corso para el envanecimiento, sino como una responsabilidad mayor hacia sus compatriotas. En un entorno donde prima la ganancia inmediata y el cortoplacismo, él........
