Conciencia azul en Chihuahua II: La deuda

“Me dijeron que tenía que enseñarle el mundo a mi hijo, no que tenía que enseñarle al mundo de él”.

“Me dijeron que tenía que enseñarle el mundo a mi hijo, no que tenía que enseñarle al mundo de él”.

Cada año, puntual como el calendario y vacía como promesa de ciertas campañas, llega la primera semana de abril con sus fachadas iluminadas de azul. El Palacio de Gobierno destella. Los ayuntamientos publican comunicados. Las instituciones educativas arman sus mesas informativas. Las redes sociales se inundan de lazos celestes y frases edificantes. Y después, el día 3, todo vuelve a ser exactamente igual.

Ciudad Juárez, que se jacta de su capacidad de reinventarse, de sobrevivir a sus propias crisis, de levantarse entre las cenizas de su historia más dolorosa, de su resiliencia —que se ve opacada por personas que secuestran instituciones e implementan agendas propias—, genera que nuestra ciudad siga siendo un territorio hostil para las familias que conviven diariamente con el Trastorno del Espectro Autista (TEA). No por maldad, sino por algo peor: por indiferencia institucionalizada.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud correspondientes a 2021, aproximadamente una de cada 127 personas en el mundo vive con esta condición. Hablamos, en el contexto de una ciudad con más de un millón 500 mil habitantes, de miles de familias que navegan sin brújula, sin red de contención suficiente y, en muchos casos,........

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