Rompiendo con el perfil de la víctima “ideal”

El mes de marzo resulta una ocasión oportuna para recordar el asunto de “La Manada” en San Fermín, España, en que una mujer fue llevada por cinco hombres a un espacio cerrado, sin que hubiera podido reaccionar, debido a que se encontraba en un estado de semi-inconsciencia por haber tomado algunas bebidas alcohólicas; siendo que, al tomar conocimiento del lugar en que se encontraba, ya despojada de su ropa, pudo advertir la intención de aquéllos y, al ver que se encontraba en el suelo, con su capacidad de oponer resistencia prácticamente nulificada, finalmente decidió someterse -mas no consentir- al acto sexual cerrando los ojos, sin saber que la estaban grabando. Increíblemente, un magistrado sostuvo que la mujer no sólo provocó o permitió las condiciones para encontrarse en ese espacio cerrado con los cinco hombres, sino que tampoco -según dijo- opuso la menor resistencia, pues incluso a su parecer se veía disfrutando cómo uno a uno tenían relaciones sexuales con ella.

Estamos así, ante una forma más de violentar a las mujeres, esta vez de manera institucionalizada, al exigirle a la víctima una conducta altamente reactiva, casi heroica, en la que debiera haber agotado por completo sus fuerzas, para sólo de esa manera poder considerar que no existió consentimiento de su parte; lo cual sin duda transgrede la obligación de juzgar con perspectiva de género, atendiendo al contexto integral del suceso, del que puedan desprenderse situaciones de ejercicio de poder, que pueden manifestarse no sólo a través de la violencia física, sino también de la psíquica o emocional.

En nuestro estado existen muchos casos en los que, en el entorno de una convivencia familiar, mujeres adolescentes se sienten en confianza para probar alguna cerveza o vino, al considerar que se encuentran en un lugar seguro, y justo esa situación es aprovechada por algún agresor presente, quien en una disfrazada manifestación de cariño o protección, termina haciéndole tocamientos indebidos o incluso llegando a provocar algún acto sexual. Estas situaciones muestran particularmente la condición de vulnerabilidad y desventaja de la mujer, que le impide repeler abiertamente la agresión, incluso por el shock psicoemocional que puede generar en ellas el estar viviendo ese tipo de actos lesivos por parte de quien se supone debe mostrarles respeto y cuidado, dificultando a su vez que pueda delatar lo sucedido, por la cercanía de la persona que la agredió sexualmente y los juicios morales que los demás miembros de la familia puedan realizar.

Y puede ocurrir que tiempo después se genere alguna condición que permita a la víctima externar lo que vivió, siendo entonces que sus propios cercanos, la sociedad en general e incluso los juzgadores, lejos de mostrar empatía, tratando de entender lo vivido por la víctima y las razones que previamente la llevaron a guardar silencio, se dedican a buscar puntos de debilidad en su dicho, partiendo de la premisa de que difícilmente ello puede ser cierto.

Resistirse a aceptar el hecho genera revictimización en la persona afectada. Este tipo de prejuicios llevan a sentencias en las que una absolución pretende justificarse en la ausencia de lesiones o huellas de violencia física ejercida sobre la mujer; o bien, en que no se demostró que hubiera gritado o pedido ayuda, intentado escapar o haber golpeado lo más posible a su agresor, dejándole rasguños o cicatrices visibles.

La pregunta es entonces: ¿por qué pretendemos exigir que una persona, para ser verdaderamente víctima de un hecho de tal naturaleza deba seguir necesariamente ciertos lineamientos de actuación al momento de la agresión, así como posteriormente a ellos?

Falta sin duda todavía mucho camino por recorrer, empezando por la percepción social, que logre ponerse en el lugar del otro, para saber si realmente estando en esa situación hubiera reaccionado como ahora pretende exigirle a la víctima. Como madre o padre de familia: ¿tú le creerías a tu hij@?, o ¿preferirías recriminarle haber estado en el lugar y momento propicio para que alguien más buscara provecho de su estado especial de vulnerabilidad? Te lo dejo de tarea.


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