La frontera frente a un año que no da tregua
Enero llegó con revuelo. Con temblores que sacudieron más que la tierra, con noticias que parecían venir en avalancha y con un 2026 que no pidió permiso para hacerse sentir desde los primeros días. El calendario apenas estrenaba hojas y ya el mundo parecía ir demasiado rápido, demasiado cerca. A veces quisiéramos ser Susanita, el personaje entrañable y desesperantemente ingenuo de las tiras de Quino, cuando le comenta a Mafalda —con una mezcla de alivio y frivolidad— que “por suerte el mundo queda tan lejos”. Como si bastara cerrar la ventana, cambiar de canal o ver hacia otro lado para que los problemas globales se quedaran del otro lado del mapa. Pero no. La realidad también se vive en la frontera. Aquí, en Ciudad Juárez, el mundo no queda lejos. Llega caminando, en autobús, en trenes que ya no pasan pero cuyos rieles siguen marcando destino. Lo global se vuelve local sin pedir permiso, y cada decisión internacional termina teniendo eco en nuestras calles.
El 2026 se abre paso como un año que no permite la indiferencia. En esta frontera, donde la vida siempre ocurre al límite, el futuro no se anuncia con estridencia, sino con señales profundas que atraviesan lo social, lo humano y lo cotidiano. Aquí no se vive a medias: se resiste, se crea y se sigue adelante, aun cuando el cansancio pesa.
Publicidad
La movilidad humana continuará siendo parte del paisaje, pero ya no puede entenderse solo........
