De uniformes policiacos en la CIA y patrioterismo

Ha sido nada más y nada menos que la narrativa patriotera la que ha impedido presentar, con todas sus letras, el tamaño de la incursión de corporaciones de los Estados Unidos en el combate al portentoso crimen organizado que opera por todos los rincones de la República Mexicana, mezclado en las más altas esferas del poder público y de la población civil.

Ha quedado claro esta vez que los agentes de la CIA (Agencia Central de Inteligencia) involucrados en el desmantelamiento del más grande laboratorio de drogas sintéticas en el país pudieron portar hasta uniforme policiaco mexicano para pasar desapercibidos, como lo habrán hecho en múltiples ocasiones.

No hay reglas claras ni ahora ni antes, porque los encargados del gobierno federal están conscientes de que requieren apoyo logístico y económico externo, pero no quieren asumir el costo político de lo que ello significa. Temen perder credibilidad en sus bases electorales, encuerdados en esos discursos incendiarios útiles para propósitos electorales.

Debe reconocerse que lejos está de ser una actitud exclusivamente endilgada a la Cuarta Transformación; más bien es una reedición del nacionalismo ramplón que existió durante muchos años, con doble discurso en la era del priismo.

En aquel entonces, los políticos tricolores rasgaban sus vestiduras, incluida la banda presidencial, y, por la otra, extendían la mano solicitando ayuda, cuando apenas los cárteles nacían con Miguel Ángel Félix Gallardo a la cabeza en Guadalajara, con la Operación Cóndor.

Así tampoco es Chihuahua la única entidad federativa que mantiene esa “colaboración” con las agencias de la Unión Americana, partiendo de la autorización constitucional ambigua, que sirve de paraguas mientras no ocurra un desaguisado que desnude las inconfesables conexiones que existen y que nadie puede negar al interior de los aparatos de inteligencia policiales y militares.

El contexto se enrarece aún más con la presencia de Donald Trump en su segundo mandato, con política de juego rudo en el ámbito internacional, recargado en un veterano de la CIA, el embajador Ronald Johnson, y la coincidencia del inicio de las negociaciones del tratado comercial, con miles de millones de pesos en exportaciones que le dan respiro económico al país y están en juego.

De ahí el nerviosismo........

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