¿Una guía nutricional o una regresión mal disfrazada?

Por Juan David Ortiz Sepúlveda

La reciente actualización de las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030 y su correspondiente pirámide nutricional ha sido presentada como una revolución en la manera de entender nuestra alimentación. A primera vista, promueve alimentos “reales”, limita los ultraprocesados y sugiere una menor dependencia de carbohidratos altamente refinados. Sin embargo, una mirada crítica revela que este cambio no solo es conceptual, sino profundamente político y potencialmente contraproducente para la salud pública.

La nueva pirámide invierte la jerarquía tradicional, pone proteínas, lácteos y grasas saludables en la sección más amplia, mientras que los cereales integrales quedan en la base, minimizando así los hidratos de carbono complejos tradicionales. Esta estructura visual implica que lo más importante para cada comida son las proteínas y las grasas completas, relegando alimentos como panes, arroz o pastas a un papel secundario en la dieta diaria. Además, las recomendaciones de proteína aumentan a 1,2–1,6 g por kilogramo de peso corporal significativamente más que en normas previas posicionando la ingesta proteica como central.

Pero más allá de los números, el verdadero problema radica en la ambigüedad y la falta de claridad científica que emanan del nuevo diseño........

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