Son peores |
Ciudad de México.- Hay tres cosas que no se pueden ocultar: lo rico, lo enamorado y lo pendejo. Esta última característica se manifiesta pronto en quien la tiene. El maistro Torres, de felicísima memoria, contaba entre sus incontables categorías de pendejos a los esféricos: eran pendejos por el lado que los vieras. Igualmente clasificaba a los telescópicos: desde lejos se les veía lo pendejo. La pendejez no se quita jamás; se lleva hasta la tumba, y aun hasta la ultratumba: "Pendejo que al Cielo va, también lo joden allá". Este muchacho del Potrero les anunció a sus padres que ya se iba a casar. "¿Con quién?" -le preguntaron ellos azarados, pues no le conocían novia. "Con una señorita de la ciudá -respondió el mocetón-. Se llama Gladiola". "Pero, hijo -le hizo ver el genitor-. Estás muy joven para casarte. Tienes apenas 18 años". "Sí, 'apá -admitió el mancebo-. Pero ya me acosté con ella, y tengo que cumplirle". "¡Mano Poderosa! -profirió la madre, que conservaba las jaculatorias aprendidas de la suya-. ¿Cómo fuiste a hacer eso?". "No supe ni cómo -replicó el muchacho-. Mis amigos de allá me invitaron a ir a una casa que tenía en la entrada un foco rojo. Ahí había hombres y mujeres bebiendo, y parejas bailando. Una muchacha vino a nuestra mesa, y........