Rubén Rocha: el individuo de marras

Ciudad de México.- En el campo nudista el nuevo socio le dijo a la curvilínea mujer: "Me causa mucha emoción conocerte". Respondió ella: "Sí. Ya lo estoy viendo".

Doña Arpiana pasó a mejor vida. La llevaban al cementerio donde le darían cristiana sepultura cuando de pronto la bóveda celeste se oscureció con tenebrosidad y estalló un tremendo rayo seguido de un fragoroso trueno. "Bueno -suspiró el viudo-. Por lo menos sé que ya llegó al cielo".

Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, le pidió a Dulcibella, linda chica, que le hiciera donación de la más íntima prenda de su femineidad. Ella se negó. Dijo: "Si hago eso quebrantaré el sexto mandamiento". "¿Y qué? -replicó el salaz sujeto-. Todavía quedarían otros nueve".

"¿Qué edad cree usted que tengo, amigo mío?". Eso le preguntó, coqueta, la señorita Himenia a don Cucurulo. Respondió él: "Por el brillo de sus ojos le calculo 28 años. Por la tersura de su cutis, 29. Por su buena presencia, 26".

"¡Adulador!" -le dijo Himenia, gratamente halagada. "Un momento -acotó don Cucurulo-. Todavía me falta sumar".........

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