Lana virgen |
Ciudad de México.- Al principiar la noche de bodas la novia le comentó nerviosamente a su galán: "Me están temblando las piernas". Explicó él: "Es que saben que al rato tendrán qué separarse". Doña Macalota, esposa de don Chinguetas, había dado cabida en su corazón al monstruo de los ojos verdes. Así llama Shakespeare a los celos. Ignoro por qué nombró así a ese punzante sentimiento, siendo que los ojos verdes son muy bellos. Un dicho mexicano apostrofaba a quien pedía algo demasiado bueno: "¡Ah! ¡La quieres morenita y de ojos verdes!". Tanto Bécquer como García Lorca y Luis Arcaraz encomiaron la presencia de ese color en la mirada femenina. Los ojos negros son misteriosos, espirituales los azules y llenos de luz los de color café cantados por el doctor Carlos González, pero en los ojos verdes hay promesas de goces inefables. Advierto con alarma, sin embargo, que me he apartado de un relato que ni siquiera he comenzado todavía. Estaba yo hablando de los celos que sentía doña Macalota, esposa de don Chinguetas.........