De afición, aficionado |
Hay personas, y a mí me gustan, que cambian mucho de afición. Un día te dicen que están tomando clases de guitarra, al día siguiente ... se han entregado al avistamiento de aves -¡la más bonita de las aficiones!- , y al otro, se han puesto con la repostería. A pura diletancia, pasan de las clases de salsa al punto de cruz, de la mineralogía a los talleres de escritura, del senderismo al óleo. Se los ve avanzar sin pretensiones por los pasillos de las academias de baile, de las casas de cultura, de las asociaciones micológicas. Me gustan, ya digo, porque tengo la impresión, desconozco si por autoexigencia o por exceso de autoestima, de que nos asomamos a cualquier área de conocimiento con ansias de cátedra y vocación de eficacia, pero para eso ya está la esfera profesional. No deberíamos exigirle tanto al esparcimiento, de ahí mi respeto por quienes van y vienen con alegría de las aficiones y se atreven, incluso, a hacer algo tan mal visto como es perder el tiempo.
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