¿Atizar o matizar? |
El mundo que vivimos es un mundo de relaciones. Por nuestra propia naturaleza somos personas individuales, pero no podemos existir sin los demás. Así que ... las relaciones marcan todo lo que somos y lo que somos capaces de hacer. Esto nos lleva a la coexistencia permanente de un equilibrio entre lo individual y lo colectivo en todas las facetas de la vida. Empezando por las relaciones familiares y continuando por todas aquellas que vamos construyendo a lo largo de la vida al relacionarnos con otros para desarrollar nuestros proyectos profesionales. Así que somos personas, pero, sobre todo, somos relaciones.
La búsqueda del equilibrio entre lo individual y lo colectivo se pone de manifiesto, también, cada vez que enfrentamos el desafío de equilibrar el ámbito de lo privado y de lo público. Y esto lo hacemos de la mano de las relaciones que somos capaces de establecer en cada momento. Relaciones que van generando redes de compromiso y alimentando la confianza necesaria entre los diferentes participantes en las mismas. Esto ocurre en el campo de las relaciones individuales –cuando se relacionan personas a título individual– y también en el campo de las relaciones institucionales –cuando se relacionan personas que representan a diferentes organizaciones–.
Las relaciones generan redes en la medida en que son capaces de establecer conexiones sólidas y duraderas a través de vínculos concretos que comprometen a las partes. Así, las redes de diferente naturaleza responden a una forma de cooperación en la que es fundamental compartir el propósito, el marco general y el lenguaje. Las redes existen porque somos capaces de establecer vínculos duraderos basados en el compromiso de compartir.
Es muy difícil establecer redes de compromisos duraderos basados en vínculos que generan confianza, pero todavía es más difícil hacer que se mantengan. Porque los vínculos necesitan ser permanentemente alimentados para que las redes se mantengan y progresen. Tejer vínculos es una tarea delicada que exige dedicación y esfuerzo. Una tarea delicada en la que los matices son fundamentales. Cuidar los matices es cuidar los vínculos y sus conexiones, por lo que tejer redes es una tarea que no termina nunca. Aquí la figura de los líderes tiene un desafío especial: el de convertirse en verdaderos costureros de matices.
Decía el escritor vasco Harkaitz Cano que «frente al que atiza, el que matiza. Frente al atizador, el matizador, palabra que, por cierto, la RAE no admite, pero que no desmerecería como oficio en cualquier tarjeta de visita. Porque el matiz es un hilo de sutura. Y no estaría mal especializarnos en crear un país que exporte, además de otras cosas, matizadores. Matizar cansa, pero es necesario». Convendremos en que en los últimos tiempos están en alza los atizadores frente a los matizadores. Y así nos va.
Haríamos bien en no dar por hecho que todo lo construido con esfuerzo va a durar sin cuidarlo
Ser costureros de matices es tarea complicada en la que la «sal gorda» tiene poca cabida. Pero es fundamental para mantener las redes de relaciones que tanto han costado crear. Porque las redes, todo tipo de redes, son tremendamente frágiles.
Haríamos bien en no dar por hecho que todo lo construido con esfuerzo va a durar para siempre sin cuidarlo. Esto lo estamos viendo en los últimos tiempos de la mano de un gran atizador, el presidente Trump, que ha roto relaciones y conexiones poniendo «patas arriba» las redes internacionales en las que basamos, en gran medida, nuestro modelo de bienestar. Así, la gran lección de lo que está pasando en el mundo con nuestras redes de relaciones internacionales es la fragilidad de toda construcción humana y la necesidad de cuidar los matices para preservar los vínculos que nos conectan. Unas redes internacionales que se han encontrado con el grave problema de que el principal costurero de matices se ha convertido en el gran atizador, llevándose por delante años de relaciones y de confianza.
Soy de los que piensa que hay que ser optimistas para que el mundo progrese, porque de la mano del pesimismo no hay nada que hacer. El pesimismo es desmovilizador y se apoya en procesos de profecías que se auto-cumplen. Decía el historiador y filósofo Howard Zinn que «el pesimismo se convierte en una profecía autocumplida; se reproduce por sí mismo al paralizar nuestra voluntad para actuar». Por eso el pesimismo desmoviliza y acaba haciendo el juego a intereses en los que nunca primará el bien común.
Coser relaciones es tarea difícil y delicada. Exige confianza en uno mismo y en los demás. En cambio, atizar es más simple, pero no deja de ser una expresión del miedo que invade al atizador y la pérdida de confianza en sí mismo. No me cabe duda de que volveremos a construir una red sólida de relaciones, pero convendría ser muy conscientes de la fragilidad de lo que construyamos y, sobre todo, ir preparando a los nuevos costureros de matices, porque serán los verdaderos protagonistas del progreso.
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